Nombrar lo que incomoda

Maritza Kusanovic en la FLIA Río Gallegos

Crónica / Patricia Vega

El domingo 12 de julio, en el escenario de la FLIA, la reconocida poeta leyó una serie de textos inéditos que vuelven a poner en el centro una escritura fiel a sí misma: la del cuerpo, la palabra necesaria y las heridas que el discurso cotidiano prefiere no nombrar.

La poesía de Maritza Kusanovic Vargas (Punta Arenas, 1965) se sostiene en una experiencia liminal, tanto geográfica como simbólica. Nacida en Magallanes y radicada desde hace más de tres décadas en Santa Cruz, su obra atraviesa los límites, y esa doble pertenencia se filtra en un lenguaje que no elige un solo territorio, sino que habita la frontera con la naturalidad de quien conoce de caminos y sentires. Publicó Erotema en 1995 y Hullablanca en 2008, con El Surí Porfiado, la editorial patagónica que se volvió referencia para la región. Su trabajo fue reunido también en varias antologías nacionales e internacionales, y participó del colectivo Canto Fundamento, un espacio que -como su nombre lo sugiere- buscaba una poesía cercana a la oralidad, al canto y a la palabra compartida en vivo, más que a la página fija. Ese origen es clave para entender por qué sus textos «funcionan» tan bien dichos en voz alta: nacieron pensados para habitar en lo oral y lo comunitario.

Precisamente eso sucedió el pasado domingo 12 de julio, en el escenario único de la FLIA Río Gallegos. Allí, Maritza ofreció una lectura íntima de su poesía. Sin más mediación que su propia palabra, compartió una serie de textos inéditos, en una intervención que volvió a poner en primer plano una escritura sostenida desde hace años desde un compromiso estético y social explícito.

La escritura de Maritza Kusanovic se construye desde una convicción central: que el lenguaje conocido no alcanza para nombrar ciertos sismos internos, y que por eso hay que torcerlo, fusionarlo, reinventarlo. Es una poesía que -como se dijo alguna vez de Bustriazo Ortiz-, inventa las palabras que no vienen, cuando las palabras normales no alcanzan. Sus textos están atravesados por un profundo compromiso con las heridas de nuestro tiempo. No se conforma con registrar la experiencia individual: vuelve la mirada hacia aquellas vidas y situaciones que el discurso cotidiano suele naturalizar o relegar a un segundo plano. Los femicidios, la violencia ejercida sobre las mujeres, la pobreza, el hambre aparecen en su escritura no como consignas ni como proclamas, sino como interrogantes éticos que el poema se niega a dejar en silencio:

CIELO SOBRE ARGENTINA*
Cuando la niña era niña- andaba con el cuerpo libre y soñaba que era un pez en este charco del mundo
Cuando la niña era niña- sentía que todo tenía alma y las almas eran todas niñas
Cuando la niña era niña- no se preguntaba por el Mal ni sabía que hubo un Aylan** quitado de tierra y madre
Cuando la niña era niña- creía que todas las personas eran bellas y buenas con las demás personas
Cuando la niña era niña- era ágil y dulce y era todo en colores y era y era todo tan cercano
Cuando la niña era niña- le bastaba respirar y le bastaba una aventura
Cuando la niña era niña- no pensaba en la diferencia de fuerza entre los cuerpos
Cuando la niña era niña- no sabía de guerras ni conocía enemigos
Cuando la niña era niña- soñaba como niña y abría los ojos como niña
Cuando la niña era niña- no tenía obligación de grandes
Cuando la niña era niña- quería que los brazos fueran alas y las personas su cielo
Cuando la niña era niña- no veía trampa en el juego de los mayores
Cuando la mujer era niña- podía ser lo que quisiera y en el mundo del revés caía para arriba

Cuando la niña era niña- despertó rota entre los adultos
Cuando la niña era niña- la nombraron madre
Cuando la mujer era niña- cayó en la diferencia de los dos mundos y Hoy duele ahí todavía y todavía se sigue preguntando Cómo yo puedo seguir siendo yo Cómo puede ser que ya no sea esta Niña que Soy
Cuando la mujer era niña- le tiraron una vara contra el cuerpo y el cuerpo todavía sigue ahí/ vibrando

*inspirado en el poema CUANDO EL NIÑO ERA NIÑO de Peter Handke en la película EL CIELO SOBRE BERLÍN del director alemán Win Wender.
**Aylan Kurdi, niñode 3 años; huía junto con su madre y hermano de la guerra en Siria en su intento de llegar a la isla griega de Kos; su cuerpo fue hallado en una playa de Turquía y se convirtió en símbolo de los refugiados. Los 3 murieron.

Imágenes que condensan bien su procedimiento habitual: tomar una situación física, casi brutal, y convertirla en alegoría de la supervivencia, la identidad o el desprendimiento. Hay en sus versos una economía de recursos: frases cortas, verbos de acción concreta, poca ornamentación adjetiva, y una tendencia a lo enigmático que no cierra el sentido sino que lo deja abierto, como una pregunta incómoda pero necesaria. El poema no entrega una interpretación acabada del mundo; propone una experiencia de lectura en la que cada imagen permanece disponible para nuevas asociaciones y cada subjetividad pueda sentirse interpelada desde los propios límites del horror o del amor. 

Maritza Kusanovic sigue siendo una presencia central en los encuentros de poesía de la región: no por el volumen de su obra, sino por la persistencia de un estilo reconocible, ligado al cuerpo, al paisaje patagónico y a la tradición oral de la lectura pública. Su escritura gana con la fuerza de su propia voz, parte esencial de la experiencia. En un contexto como el de la FLIA, donde la circulación de la palabra escrita genera formas alternativas de encuentro entre autores y lectores, la lectura de Maritza reafirmó una práctica poética sostenida más por la continuidad del trabajo que por la búsqueda de visibilidad. Su producción, difundida tanto en publicaciones como en sitios digitales, constituye un proyecto que se ha mantenido fiel a una misma exploración: indagar desde las zonas más crudas del lenguaje y el sentido. Obliga a detenerse allí donde habitualmente se aparta la mirada, y convierte el decir en un espacio de resistencia frente a la indiferencia. Los textos son golpes que nacen en la lucidez con que expone aquello que muchas veces preferimos no ver. Cada poema parece recordar que nombrar lo que se calla es, también, una forma de responsabilidad.

Patricia Vega / Río Gallegos. SC.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com

Scroll al inicio