Reseña / Gabriela Luque

“Nuestras vidas son un baile de máscaras” G.Leroux
La cita de Gastón Leroux no es casual, nos permite adentrarnos en la atmósfera gótica, plena de seres anómalos que pueblan gran parte de los 57 capítulos de Morsa, la nueva novela de Sebastián Grimberg, su cuarta novela para ser más precisos. Morsa es también el nombre de su protagonista, un ser monstruoso, de largos colmillos y facciones desproporcionadas, que vive confinado en la trastienda de un negocio de venta de cómics, libros viejos y descoloridos, juguetes antiguos y en desuso, un ser casi invisible, que, a lo largo de la trama, va a descubrir que posee superpoderes extraños, dignos de sus admirados héroes de las historietas clásicas que se apilan por montones en su habitación-depósito y, de esa manera, se atreverá a volverse visible.
Esa vivienda que comparte con Manuel, el dueño del local y su salvador, desde que fuera abandonado por su madre con apenas días de vida, contiene a la vez, cual una suerte de aleph, todos los espacios y momentos del derrotero de este antihéroe. Buenos Aires, con su cartografía revelada y oculta a la vez, a través de sitios muy conocidos, muchas veces postales de un plano turístico (la avenida Corrientes, Constitución, Retiro, Palermo, Rivadavia a la altura del Congreso, el antiguo Mercado de las Flores en Almagro, devenido en templo evangélico, la Boca junto al Riachuelo) es el escenario mayor que, esta vez, nos muestra su faz endurecida, la más perversa, la de los perdedores y desamparados. Pero esa ciudad desmesurada es también el único lugar en el que alguien como Morsa podría encontrar el amor o lo más parecido a ese sentimiento. En una esquina oscura de Palermo aparecerá Maru, la heroína necesaria, y la luz entonces se volverá tan vital como el aire para este ser siempre escondido tras sus anteojos de miope, el sobretodo, la larga bufanda y la imprescindible gorra, ese disfraz indispensable para atravesar el umbral de su casa y enfrentarse a la multitud.
El encuentro con Maru, una joven y bella travesti, devendrá en citas en un hotelucho y será el primer y verdadero motivo para animarse a salir; la posterior desaparición de la joven será el segundo, que ahora no solo lo llevará a recorrer distintos espacios porteños, sino también a animarse a subir a un colectivo y llegar tanto a un perdido pueblo de la provincia de Corrientes como a González Catán en el conurbano, dos lugares igualmente distantes para nuestro personaje. La orfandad, el amor, la muerte, temas que se entrelazan en una narración que no da respiro y que nos muestra, también, una Buenos Aires actual, con sus crímenes de odio, su pobreza, las marchas por la justicia.
Grimberg ya nos tiene acostumbrados, desde sus primeros cuentos publicados en 2014, al armado preciso y meticuloso de cada elemento de sus narraciones, en las que se destacan los personajes, además de un ritmo narrativo que arrastra veriginosamente al lector. Esta novela retoma elementos del policial negro, género ya frecuentado por el autor en su segundo libro, La mirada del asesino, que es el título del cuento breve que obtuviera el Premio en Letras de la Bienal Federal CFI 2013. De hecho, Grimberg se reconoce lector de policiales a partir de la sugerencia, hace ya muchos años, de una figura clave en su escritura, Vicente Battista. En esta nueva novela retoma el personaje del detective, esta vez en la figura del Viejo, un periodista jubilado, tan marginal como él, conocedor de los ambientes más sórdidos. Morsa y el Viejo recorrerán la ciudad para encontrar a Maru, cual si fuera un capítulo de alguna de las sagas de algún célebre superhéroe y su ayudante, dos personajes que encarnan la cultura popular y el modo de narrar asumirá las modulaciones del género gótico, de notable presencia en la literatura argentina de estos últimos años.
Si a todo esto, le sumamos las maravillosas ilustraciones en blanco y negro de Tomás “Tomi” Müller, mítico dibujante de la revistas Fierro y Sex-Humor y lahermosa edición de Ediciones Diotima, con la que el autor ya ha publicado su anterior libro, la colección de cuentos Los perros, premiada por el Fondo Nacional de las Artes, uno de los libros de mayor circulación el pasado año, no podemos dejar de recomendar que busquen esta novela ilustrada y que sigan incursionando en el universo de las ficciones con las que Grimberg nos deslumbra desde hace más de una década.

Gabriela Luque / Río Gallegos. SC.
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