En primera persona / María Angélica Paredes Sánchez

Comenzando por el principio…
Estaba estudiando una carrera terciaria que no tenía que ver con el arte. Un profesor de teatro que estaba organizando un espectáculo convocó a otros alumnos a participar; después de la presentación me dijo por qué no estudiaba teatro, me pasó la información, me decidí y así comenzó mi vida en el teatro. Estudié en la Escuela Superior de Teatro de la ciudad de Trujillo, Perú, donde nací. Dentro de las asignaturas estaba el taller de títeres; fue muy bueno aprender ese taller, ya que ayudó mucho a mi trabajo como animadora infantil. Igual sentía que los títeres podían dar más que divertir. Luego se dio la oportunidad de tomar un taller de títeres con unos titiriteros argentinos en gira.
La ruta que me trajo hasta Caleta Olivia…
El elenco argentino de títeres vio mi trabajo y mi entusiasmo por los títeres y me invitó a participar de la gira hasta cumplir la meta que se habían propuesto. Cumplido ese proyecto, el grupo se dividió. Mi compañero y yo decidimos conocer una institución única a nivel latinoamericano en el arte del teatro de muñecos. En ese espacio no solo aprendimos la técnica americana del teatro de guante, sino que también tuvimos la oportunidad de recibir una formación académica. Nos encantó el proyecto que tenía esa institución. Luego había que decidir en qué lugar podríamos desarrollarnos como titiriteros y criar la familia que habíamos comenzado.

La gestación de la Sala, y su futuro…
Presentamos un proyecto a las autoridades de nuestra localidad, a las cuales les pareció innovador y nos prestaron su apoyo. Al principio comenzamos con una sala de títeres en otros espacios físicos. Luego surgió el proyecto de un centro cultural para la ciudad; fuimos convocados para participar dentro de los planes para que en ese edificio funcionaran las artes escénicas. Continuamos gestionando ante las autoridades para que el proyecto principal —el teatro de títeres y la escuela, eje de la Sala estable de Títeres Los Cuatro Vientos— continúe con la esencia y la calidad profesional con la que se trabaja en este recinto. Es necesario personal idóneo y el acompañamiento de las autoridades para que lo que una vez fue un proyecto, hoy un programa, mañana se fortalezca y continúe como parte de la cultura.
Momentos importantes…
Hubo muchos momentos importantes: representar a mi elenco y a la tierra en la que vivo en diferentes escenarios; participar en congresos de títeres; saber que eres conocido en otros países (hoy, por la globalización y los medios, es distinto; antes se escribía cartas y se aparecía en libros o revistas). Representar a mi provincia ante el Instituto Nacional del Teatro fue significativo. Recuerdo con mucho cariño cuando concluimos un taller en un barrio de la Guajira: un niño se acercó, me dio una flor y me dijo “gracias por venir hasta acá, a nosotros nadie nos quiere…”. Creo que también es especial haber hecho de los títeres mi profesión, vivir de lo que me gusta y siempre tratar de atender lo mejor posible a mi público y a mis colegas.

Las anécdotas…
Tengo una anécdota: en las primeras ediciones del Festival Internacional de Títeres que presidía, la gente preguntaba cómo llegaban los participantes a esta ciudad; quedaba en la Patagonia y eso generaba curiosidad. Otra anécdota es haber realizado un festival quedándome sin voz. Fue muy estresante, pero tenía un equipo fantástico que me apoyó y todo concluyó con éxito.
“La de los títeres”…
Para el final, una gran anécdota. Como se originó mi “nombre artístico”, María de los títeres. Yo soy María Angélica Paredes Sánchez. Yo siempre que llamaba por teléfono a las escuelas, o a cualquier persona, daba mi nombre y apellido y me decían: María, María, ¿qué María?. No me localizaban, cuando decía: soy de los títeres, del teatro de títeres, ¡ah, María de los títeres, sí, María de los títeres. Y así se generalizó la manera en que me reconocen. Esa creo que es la gran anécdota: María Angélica Paredes Sánchez, conocida en Caleta como María de los Títeres.
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