Verónica Bonacchi, una patagónica en Finestres

Entrevista / Mauro Moschini

Verónica Bonacchi cuenta con casi tres décadas de experiencia como periodista cultural. Trabajó durante 10 años en la sección Espectáculos de La Nación y hace casi dos décadas forma parte del diario Río Negro, donde en los últimos años se desempeñó como editora de distintos suplementos de cultura. Actualmente es la editora del suplemento literario Lectón, de ese matutino norpatagónico. En 2023 uno de los diez trabajos nominados en la categoría texto del premio Gabo fue su crónica sobre la localidad neuquina de Sauzal Bonito [linkear: https://www.gatopardo.com/articulos/sauzal-bonito-la-tierra-que-tiembla-el-fenomeno-sismico-de-la-patagonia ], afectada por los sismos que se multiplicaron desde que empezó a extraerse gas y petróleo con la técnica conocida como “fracking”. En 2025 su nombre volvió a estar entre los 10 nominados a ese premio, esta vez por un texto acerca de la “Masacre de Punta Tombo”, un crimen ambiental que sucedió en Trelew en 2021 [ linkear: https://www.gatopardo.com/articulos/la-masacre-de-los-pinguinos-la-reconstruccion-de-un-crimen-que-llego-a-un-juicio-historico ]. Ambas crónicas fueron publicadas en la prestigiosa revista mexicana Gatopardo. 

Pero lo que va a contar la periodista patagónica en esta nota comienza en 2020, cuando se sumó al taller de periodismo de no ficción de Leila Guerriero. En el  marco de ese taller, comenzó hace un par de años a trabajar en un proyecto de largo aliento que –cuando hablamos por videollamada el mes pasado– ya había llegado a las instancias finales de corrección y que se publicará este año, o en 2027.

Bonacchi pudo terminar la primera versión de su libro –un perfil sobre una escritora, del cual no puede dar más detalles– en condiciones inmejorables: un estudio con vista al Mediterráneo, en la casa de la Costa Brava donde Truman Capote transformó miles de páginas de notas en lo que sería A sangre fría. Esto fue posible porque la periodista fue una de las tres escritoras seleccionadas este año para participar de la tercera convocatoria anual de Residencia Literaria Finestres, auspiciada por la fundación catalana Finestres, una de las cinco fundaciones de la compañía farmacéutica Ferrer. Fundada en 1959, su actual propietario es Sergi Ferrer-Salat, prominente mecenas catalán, hijo de Carlos Ferrer-Salat, fundador de la compañía, quien también –entre muchas actividades que incluyeron en su juventud el tenis profesional– se destacó como un empresario dinámico y filantrópico. Además de la Residencia, la Fundació Ferrer ofrece desde sus inicios varios premios literarios. El de narrativa del año pasado lo ganó César Aira. Leila Guerriero, que participó de la residencia Finestres en 2023, escribió allí un libro –titulado La dificultad del fantasma– acerca de su infructuosa búsqueda de algún dato más sobre la estadía de Capote en el lugar.

Al comenzar a contar de su participación en esta residencia, Bonacchi recuerda la buena relación que tuvo con los demás participantes. “Nos hicimos muy amigos con los escritores” contó. “Tenemos un grupo de WhatsApp –continuó– por donde seguimos hablando, sobre todo ahora, porque una de las escritoras, aunque vive en Houston, es oriunda de Pereira, en Colombia, una de las ciudades que sufrió el terremoto. Se llama Juliana Javierre, ha escrito muchos libros, es muy jovencita: tiene 33 años”. La otra escritora que participó de la residencia fue Carolina Orloff, una de las traductoras de Ariana Harwics y cofundadora de la editorial Charco Press, con base en Escocia y especializada en literatura latinoamericana. Además de ellas, que fueron elegidas tras postularse a la convocatoria, estuvo Julio César Pérez, “un dibujante talentosísimo –contó Bonacchi– que es de Barcelona y vive en Mallorca. A él lo invitó la fundación para escribir un cómic sobre la residencia”. 

Es suficiente con ver algunas de las imágenes del sitio web de la residencia para darse una idea de la belleza natural y el confort que ofrece. “La casa está a una hora y media de Barcelona –indicó Bonacchi–, cerca de un pueblito muy lindo que se llama Palamós, donde hay otra librería. Es muy grande, tiene tres habitaciones, cada una con su estudio privado para escribir y con vista al Mediterráneo. Una belleza. Y hay además una casita en una de las calas, donde estaba Julio César”. 

MM / ¿Qué otros detalles podés contarnos de esta experiencia?

VB / La casa tiene un corazón esencial que es la cocina, donde trabajan tres cocineros maravillosos, al mando de Ariadna, una chef que trabajó en restaurantes con estrella Michelin en París. La comida –está mal que diga esto, porque parece que fui a comer– es una de las experiencias más maravillosas de la residencia. Todo hecho con productos de la región. También tiene una biblioteca enorme donde nos reuníamos para leer y para mostrarnos los textos en los que estaba trabajando cada uno. 

MM / Es difícil imaginar una situación más cómoda y estimulante para escribir…

VB / Me sirvieron un montón estos treinta días allá. Yo soy muy prusiana cuando me pongo un objetivo. Me levantaba a las cinco de la mañana a escribir. Porque me gusta esa hora, porque había un silencio que necesitaba y porque seguí trabajando mientras estaba allá. Como todos los periodistas necesito mantener dos trabajos. Así que entre las 5 de la mañana y el mediodía de allá  (que eran la 1 y las 7 de la mañana de acá) podía trabajar en un ritmo sostenido, sin interrupciones. Me rindió un montón. De hecho la primera versión la terminé allá. Después hubo dos correcciones más. Y ahora yo creo que ya se terminaron las correcciones, porque la última corrección fue muy precisa, puntual y pequeña. Creo que ya está.

MM / Además de todo el trabajo de escritura que pudiste hacer, toda la experiencia debe haber sido muy enriquecedora.

VB / Todo lo demás que ocurre en el lugar, con la gente, con las lecturas y con lo que uno ve… todo eso es tan nutritivo como sentarse a escribir. No todo pasa por las horas que uno pasa escribiendo. 

MM / De todas maneras, el proyecto en que estás trabajando empezó mucho antes de esta residencia. ¿Qué podés contarnos de ese proceso?

VB / Fue por etapas. Cuando me llegó la propuesta me puse a releer toda la obra de esta escritora, antes de hacer las entrevistas. Porque quería organizarme, ver las biografías que había, etcétera. Después fue empezar a buscar los contactos. Y en ese aspecto, pasa algo que me parece importante señalar: cuando uno está en el interior tiene que a veces explicar más qué es lo que está haciendo.

MM / En dos años también debés haber vivido momentos más disfrutables y otros más difíciles, ¿no?

VB / Fueron dos años en los que hubo momentos en los que me sentí muy metida en ese universo de esta escritora, que a veces es pesado, angustiante. Pero si uno no logra esa inmersión en esa persona, en esa obra, en lo que significó, difícilmente puede definirla o contarla o explicar quién es. Pero me sentí muy bien cuando tuve el arranque del texto, el año pasado. No me sentí tan bien cuando empecé a llegar al final, porque ponerle un final a un texto es super complejo. Uno tiene que ganarse ese final, no simplemente decir que se acabó. Eso sí, siento que me costó. De hecho, mandé un final desde Finestres que no tiene tanto que ver con lo que quedó ahora. Era una cosa más tosca. En cambio el principio quedó prácticamente igual. Me organizó el texto, me dio una forma, como un mapa del tesoro. 

MM / En tantos años dedicada al periodismo cultural, fuiste testigo de muchísimos cambios en la cultura. ¿Cómo la ves hoy?

VB / Yo ahora soy la editora de Lectón, el suplemento literario del diario Río Negro. Trabajo con mucha libertad y eso me encanta. Y en cuanto a la literatura en la actualidad, creo que hay pequeños movimientos muy interesantes alrededor del libro y de la escritura. Hay mucha gente que quiere escribir, hay también movimiento alrededor de la lectura: los clubes, los ciclos de entrevistas a escritores, las ferias del libro, todas estas son cosas que mueven gente y son algo para atender y para aplaudir. Eso me parece que es alentador. Si podemos decir que hubo algo medianamente bueno de la pandemia, fue que le permitió a mucha gente reconectar con la lectura y la escritura.

MM / ¿Y en cuanto al periodismo? ¿Cómo fue pasar de La Nación al diario Río Negro?

VB / Cuando vine al diario Río Negro hice espectáculos también, como venía haciendo en La Nación. Hay una diferencia muy grande entre trabajar en un medio como La Nación y trabajar en el interior. En La Nación, por lo que cubría, entrevistaba a gente de la televisión (algunos todavía están ahí) y eso que parecía un contacto muy aceitado –porque durante 10 años entrevisté a esa gente– cuando uno llega al interior y deja de ser “de La Nación”, como si fuera el apellido de casada, se pierde y hay que armar otra agenda y poner el ojo en otros lugares.

MM / ¿Y qué te parece que cambió desde tus comienzos hasta ahora? 

VB / Lo que ha pasado en estos 19 años que estoy acá –no porque haya pasado en el diario Río Negro, sino porque pasó en el periodismo en general– sobre todo con este último gobierno ¿no? es que se ha hecho todo lo posible por destruir al periodismo y la figura del periodista. También con Trump, y en buena parte del mundo, se está haciendo mucho para destruir al periodismo. Y eso es algo bastante frustrante. Las notas que escribí para Gatopardo sobre Sauzal Bonito y los sismos por el fracking, sobre la matanza de los pingüinos que ocurrió en Trelew, sobre el mono Toti… son cosas que me pregunto dónde podrían publicarse hoy en Argentina. Y también me pregunto cuánta gente está interesada en leer notas de largo aliento: en ese sentido digo que puede ser un poco frustrante. 

MM / Además de los cambios políticos, también cambiaron los medios y las maneras de leer.

VB / Uno ve cómo peleamos los periodistas contra la información rápida y vacía –y muchas veces mentirosa– de las redes sociales. Si lo llevo a las reseñas de los libros, también: cómo se compite a veces con la IA y con videos de TikTok. No lo digo porque piense que todo tiempo pasado fue mejor. Supongo que todo esto nos va a llevar a un buen lugar en algún momento, pero no creo que este sea un buen momento. La desconfianza en el periodismo y en los medios tradicionales me da mucha pena.

MM / Pese a ese mal momento en general, estás en un momento muy satisfactorio profesionalmente.

VB / Uno tiene que hacerse el camino con mucha perseverancia y convicción, y tratando de no traicionar eso que uno quiere. No en el sentido de que todo tiempo pasado fue mejor, ni de cerrazón a una idea. Pero sí creo que si uno está convencido de que una historia se cuenta mejor con más dedicación y más tiempo, uno tiene que seguir ese camino. Yo ya tengo una edad en la que me gusta mirar hacia atrás, hacia lo que hice y poder sentir que me gusta, que estoy de acuerdo y me realiza.

Mauro Moschini / Ingeniero Huergo. RN.

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