Una carta con posdata

Narrativa / Patricia Sampaoli

Mi querido Abelardo:

Hablamos muchas veces de Thanatos, porque las pérdidas han perseguido la mayor parte de los días de nuestra relación. Complicada, pero con Eros tan potente, que solamente el vernos era una vorágine, más que de mariposas en el vientre, de dragones de Komodo hasta con alas, mordiendo las paredes de nuestro estómago con sus dientes putrefactos. Eros y Thanatos, vida y muerte a lo Freud. Nuestra relación a dos puntas de un hilo que no habría servido ni a Teseo ni a Ariadna, porque estábamos perdidos desde el principio y lo seguiríamos estando.

Va esta esquela en el libro que nunca abrirá tu mujer, lo pondrá, estoy segura, en la mesa ratona, para que lo veas cuando vuelvas del hospital y te sientes en el sofá esperando el café del regreso a casa, un café bien fuerte y con una copa de coñac. Ella te conoce muy bien.

No sé en qué momento la leerás, pero seguramente será el mismo día en que un muchacho toque el timbre del portero de tu edificio para entregarKumar, V., Robbins y Cotran. Patología estructural y funcional, un paquete de la librería Altai a tu nombre. Esta es la novena edición que sé que te estabas por comprar. Es mi regalo.

Una mujer que escribe poesía y que tiene cáncer no puede hacer otra cosa que decirte adiós. No fui a tu consultorio para hacer las consultas. Obvio. Así que este jueves que pasamos juntos habrá de ser nuestro último encuentro. Ya sé, coincidirás conmigo, en que fue uno de los mejores, sobre todo porque, más que hacer aquello que enloquecía nuestros sentidos, hablamos mucho de todo– menos lo referido a missíntomas, decisión deliberada de mi parte-.

Estuviste cuando perdí a mi padre, estuve cuando perdiste a tu hijo, estamos ahora juntos cuando vamos a perdernos el uno al otro.

Estoy bien todavía y viajo mañana a Indonesia, a la pequeña isla de Komodo, en el archipiélago de la Sonda. Es famosa por albergar a los dragones de Komodo, eso lo sabe todo el mundo. Lo que el mundo no sabe es que me han fascinado siempre.

Somos un archipiélago, nosotros. Tantas islitas nos componen que no tenemos registro de todas ellas y algunas, las menos conocidas, son las que guardan a más de nuestros dragones. Esos ocultos en la sombra porque, desde pequeños, la sociedad nos prohíbe dejarlos salir a buscar presas, aunque las presas sean para hacerlas felices, para comerse juntos con el menor daño posible. Cosa difícil, si las hay…

Quiero navegar por el paraíso de los dragones, quiero hacer el recorrido fotográfico por la isla, ver los lagartos tomando el sol, masticando una presa, copulando. Sé que el dragón que me está comiendo por dentro, que no tiene nada que ver con la isla de Komodo, al que no invité y al que no le haré la guerra porque ya lo decidí, tendrá carta libre. Parece que los sanjorges de mi cuerpo, no podrán con él. En unos seis meses acabará la batalla, me dijo el doctor, y disfrutaré del sol fuera de los hospitales hasta el día de la derrota.

Te abrazo, te muerdo, te mastico, te amo irremediablemente. No me busques, amor mío,

tu Eloísa

Posdata: Eloísa y Abelardo, nuestros nombres, hasta esa coincidencia medieval del tiempo de los dragones.

Patricia Sampaoli / Caleta Olivia. SC..

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