Te hemos pedido que hables de belleza

Presentación del último libro de Jorge Spíndola en Caleta Olivia

Crónica / Sandra Milani

El encuentro

La cita fue el viernes 13 de marzo, a las siete de la tarde, en Bartolina, ese bar literario precioso que tenemos en la ciudad y que le debemos a los hermanos Julia y Emilio Alcaín.

El motivo no podía ser más perfecto: Jorge Spíndola, nuestro poeta más querido, venía a presentar su último libro. Me han pedido que hable de belleza es una antología de supoesía selecta, compilada por Dante Sepúlveda y publicada recientemente por editorial La adivinación.

Jorge Spíndola, para quien no lo conoce, nació en Comodoro Rivadavia en 1961. Es habitante del Wallmapu, y ha vivido en el sur de Argentina y Chile alternativamente, donde integra diversas organizaciones culturales, sociales y académicas. Es licenciado en Letras, Doctor en Ciencias Humanas y docente investigador en las cátedras Literatura Argentina I y Literatura Latinoamericana II en la UNPSJB y en el ISDF 807. Pero ante todo es un poeta ¿Y qué cosa es un poeta? En principio es alguien que escucha la lengua de los suyos con el asombro de un niño, alguien que mira el mundo cotidiano como si fuera la primera vez, alguien que encuentra la belleza en los escombros que quedan después de los derrumbes. Algo de todo eso vino a compartir con nosotros en la presentación de su libro.

El bar se llenó de gente querida. Estaban los editores de la revista el Agrimensor, la gente de la Biblioteca Popular El Mirador, representantes de Cultura Fantasma, artistas plásticos, profesores, alumnos del instituto. En medio de un ambiente cálido y distendido, compartimos lecturas, comentarios, impresiones de su obra, anécdotas divertidas y recuerdos agridulces. Después, el poeta firmó libros, se sacó fotos, le dedicó un tiempo a cada uno de los asistentes.

El poema que eligió para abrir la presentación fue, de pura casualidad, el primer poema suyo que yo leí, allá por los ‘90. Se trata de “I love you Luisa, que está en Mátame si no te sirvo. Un poema precioso de una vigencia inusitada en estos días. Una prostituta vieja y harapienta, que fue una diosa en los cabaret de los ´60, vende lotería en la puerta del supermercado. Una metáfora del país de nuestros días. Yo estaba llevando a cabo un proyecto de escritura para la cátedra del profesor Mario Murphy y una amiga que tenemos en común con Jorge me acercó el poema en una fotocopia, que yo fotocopié a su vez. El libro no se conseguía, así que alguien me lo prestó y yo lo fotocopié y lo encuaderné. Quiero decir que hace treinta años, aun sin libros físicos a disposición, Spíndola ya era Spíndola. Y quienes nos dedicábamos a las letras o al teatro o a la promoción de la lectura buscábamos su poesía y la compartíamos en una sucesión de infinitas fotocopias. Su poesía circulaba en esos ámbitos como un reguero de pólvora que se expande y explota en los corazones y en las bocas. Aun sin libros. Por eso es motivo de celebración que su poesía reunida se materialice en este libro tan bellamente editado. Esta nueva edición de poemas de todos sus trabajos anteriores es una pieza invaluable para las bibliotecas de talleristas, promotores, profesores de literatura y amantes de la poesía.   

Hablemos de su poesía

La poesía de Spíndola es una poesía del espacio de lo patagónico, pero de un espacio trabajado por la expoliación y el despojo. Un espacio alterado cíclicamente por los cadáveres de las maquinarias de las petroleras, y los galpones abandonados, y el viento feroz de los que vienen a llevarse todo. Y es también una poesía que reivindica la memoria: la íntima y la colectiva. Spíndola no olvida nada. Una y otra vez, vuelven a sus versos el servicio militar obligatorio, los oscurecimientos de Malvinas, el tiempo del auge petrolero, los incendios forestales, los falcon verdes, el barrio La paloma, la música de Joe Cocker, los primeros amores.     

Los sujetos que deambulan por su poesía son siempre los marginados, los olvidados, los que no están invitados a la fiesta. Sujetos que la voz poética abraza en un amoroso y permanente nosotros. Sujeto colectivo en el que el poeta está incluido, con el que cierra filas y resiste: los obreros petroleros, los albañiles en los andamios, los pibes perseguidos por la policía, los borrachines tristes que vuelven a casa de madrugada, los desocupados, los migrantes, los negros, los indios. Pero ese sujeto colectivo no es nunca víctima. Es un sujeto deslumbrado ante la belleza del mundo, lleno de una rabia sagrada que no deja de reclamar por su derecho a la porción de gracia, de felicidad, de baile y de poesía que le corresponde.

¿Y con qué lengua está tejida la poesía de Spíndola? Dice María Negroni que para hacer poesía “hay que prestar atención y seguir desobedeciendo”. Eso hace nuestro poeta. Desobedece cualquier mandato de domesticación del idioma. Presta una atención hipnótica a la lengua cotidiana, insurrecta e incorrecta de los bastardeados, de los caídos del mapa. Amasa esa lengua, le saca brillo, la exhibe como una joya prodigiosa, la convierte en poesía.

Fin de fiesta

El encuentro se extendió hasta las diez de la noche y todos nos fuimos con el corazón contento y nuestros libros autografiados. De regreso a Comodoro, me mandó este whatsApp: “Gracias por tu lectura y mirada sobre mi poesía. Estuvo tremendo. Volví despacito por la 3 escuchando El lado oscuro de la luna de Pink Floyd, mirando las estrellas y el mar. Extendiendo el viaje y la alegría de lo compartido. Gracias totales”. Puro Spíndola en estado de gracia. Ni manejando deja de poetizar el mundo. “Me han pedido que hable de belleza’,  dice el poema que da título al libro, y la belleza es una flor que crece en cualquier parte”.

Sandra Milani / Caleta Olivia. SC.

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com

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