Episodios de IA en el mundo del libro

Entre la incomodidad y la fascinacion

Ecosistema Literario / Ariel Di Leo

Hace poco más de un año, miraba, muy entretenido, una entrevista de Rolando Sietecase a Mario Pergolini por Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=RlqiqhHMJsE). El ida y vuelta de la charla recorría varios temas de actualidad, con mucho énfasis en los avances tecnológicos y su influencia sobre la sociedad. En una parte del diálogo, Sietecase hizo una serie de preguntas relacionadas con la IA (inteligencia artificial) y su creciente amenaza en casi todo el mercado laboral, alarmado por sus consecuencias. En ese momento reparé en una paradoja. El set del streaming en el que transcurría la entrevista (Ahora Play) estaba poblado por los dos protagonistas y media docena de pequeñas camaritas, otros tantos micrófonos y parecida cantidad de mini artefactos de iluminacion. Ocurría que Sietecase estaba preguntando si los robots llegarían a reemplazar a los humanos, en un set donde no había ni un camarógrafo, ni un sonidista, ni un iluminador. No pretendo tildar de hipócrita a Sietecase, ni ignoro que hay un detrás de cámara con profesionales trabajando. Lo que me llamó la atención es como naturalizamos (me incluyo) que el personal de piso ya fue reemplazado. Y que esto entra dentro de el conjunto de avances tecnologícos que permite crear un medio de comunicación desde la nada con una inversion infinitamente menor a la necesaria hace un par de lustros atrás, promoviendo así una “democratizacion” de los medios.

De ese reportaje también me quedó una frase: “está lloviendo: si tenés que salir, o agarrás un paraguas o te mojás”. Allí nace el subtítulo de esta nota: la incomodidad y la fascinacion. Incomodidad, porque el cambio de rumbos laborales, relacionales y hasta creativos que la IA anuncia y hace acontecer nos sumerge en un mar de dudas y de miedos, los podamos explicitar o no. Y, ademas, intuimos que ese cambio es imparable. Fascinación, porque la velocidad de ese cambio nos sorprende, y hasta a veces nos parece mágico, sobre todo a los que somos de una generacion que nació en el siglo pasado.

Si nos circunscribimos al ámbito que nos convoca, los libros, la IA parece tener la capacidad de entrometerse en todo, en lo que dábamos por sentado y en lo que ni nos imaginabamos que se podría meter. Su llave de acceso es la capacidad de su interfaz conversacional para “entender” nuestros requerimientos y para proporcionarnos respuestas fácilmemte comprensibles. Los modelos de IA en uso (Chat GPT, Claude, Gemmini, etc.) son definidos como modelos de lenguaje de gran tamaño o modelo de lenguaje a gran escala (LLM, siglas en inglés para Large Language Model) y reciben instrucciones y provéen respuestas en un lenguaje totalmente coloquial, casual e indubitablemente humano, muy alejado de las líneas de comando, las palabras claves y las órdenes entonadas con voz neutra y términos precisos. La acabada “comprensión” del lenguaje humano y sus sutilezas, los giros idiomáticos y los detalles lingüísticos hicieron que la IA irrumpiera en el ecosistema del libro casi desde el principio y en practicamente todos sus aspectos. Esto dió lugar a fundados temores y afiebrados vaticinios. Dejando de lado las exageraciones, a favor o en contra, hay algunos episodios concretos que me gustaría compartir.

¿Quién escribe lo que leemos?

En febrero de este año un artículo de un prestigioso Newsletter del sector editorial (Proyecto 451, dirigido por Daniel Benchimol, argentino) publicó una reseña de un estudio realizado por la Universidad de Minnesota que analizaba la evolución del mercado de ebooks en Amazon entre 2022 y 2025. Amazon no tiene cifras oficiales de uso de sus autores de la IA debido a que no obliga a un etiquetado visible para el público sobre el tema, pero la investigacion abordó el tema desde otro ángulo. Los datos fueron reveladores. El volumen de nuevos títulos mensuales se triplicó en ese período, pasando de 100.000 títulos nuevos al mes a más de 300.000 títulos mensuales. Los investigadores señalaron que este crecimiento coincidio exactamente con la fechas de disponibilidad masiva de ChatGPT y otros modelos de lenguaje.

En categorías donde la producción automatizada es más sencilla, las proporciones fueron mucho más altas. (En otro estudio de una empresa del sector, lograron estimar que en el segmento “libros de remedios herbales” alrededor del 82% de los libros publicados en Amazon durante 2025 fueron probablemente escritos íntegramente con inteligencia artificial).

Aunque Amazon ha intentado imponer límites (como restringir las autopublicaciones a tres obras por día por autor), la plataforma enfrenta un aluvión de títulos sintéticos que inundan especialmente las categorías de guías prácticas, manuales de salud y biografías. El mercado se ha visto saturado por lo que algunos llaman «spam de libros», donde empresas publican cientos de títulos generados por IA a bajo costo (aprovechando que producir uno cuesta solo unos pocos dólares) con el único fin de capturar ingresos por páginas leídas o ventas rápidas.

En este punto no deberíamos olvidar que la fabricación de “literatura en serie”, siguiendo fórmulas trilladas y meros cambios de “maquillaje” entre un título y otro, existe desde mucho antes de que la computacion hubiera nacido.

¿Son indistinguibles los textos generados por IA de los escritos por humanos?

La Revista New Yorker, comentó un experimento encargado por el sector editorial al que apodó “El duelo”. Éste enfrentó a la IA contra estudiantes avanzados de escritura creativa. La investigación se propuso analizar si la IA es capaz de producir «buena literatura» que resulte indistinguible de la humana para lectores entrenados.

Para este estudio, se entrenaron modelos de lenguaje de forma intensiva utilizando la obra completa de diversos autores contemporáneos. El objetivo era que la máquina no solo escribiera de forma genérica, sino que asimilara estilos literarios específicos y complejos.

El procedimiento consistió en presentar fragmentos literarios a un panel de evaluadores sin revelarles el origen de los mismos. Se compararon textos producidos por la IA (basados en el estilo de los autores con los que fue entrenada) frente a textos escritos por estudiantes avanzados de escritura creativa.

Los resultados fueron sorprendentes, los lectores evaluadores eligieron con frecuencia los pasajes artificiales, calificándolos como más logrados desde el punto de vista estilístico y emocional que los textos producidos por los estudiantes humanos.

El estudio demostró que la frontera entre la creación humana y la imitación algorítmica es cada vez más difusa. Incluso personas cercanas a los autores originales (cuyo estilo estaba siendo imitado por la IA) no lograron identificar qué fragmentos habían sido escritos por una persona y cuáles por la máquina.

El experimento puso de manifiesto que, cuando el proceso está bien trabajado, la IA puede replicar ritmos, tonos y giros lingüísticos con tal precisión que la procedencia del lenguaje se vuelve secundaria para el lector, siempre que la «experiencia de lectura» funcione.

La investigación sugiere que el desafío ya no es determinar si la IA «entiende» lo que escribe, sino reconocer que los lectores pueden llegar a valorar un texto sintético por encima de uno humano si la calidad técnica es lo suficientemente alta.

Finalmente, este caso obliga a la industria a redefinir qué es lo que realmente se espera de la literatura. Si bien la máquina puede imitar la estética, los autores y críticos argumentan que carece de las vivencias, contextos históricos y decisiones éticas profundas que caracterizan a una obra literaria plena, aunque estos elementos no siempre sean detectables en una lectura breve o superficial.

El sesgo «anti IA»

En otra edicion del ya mencionado Newsletter, se reseña una investigación exhaustiva realizada por expertos de Wharton, NYU y la Ross School of Business, con la participación de 27.491 personas en 16 experimentos entre 2023 y 2024.

Los experimentos consistían en entregar muestras de escritura creativa (incluyendo poesía y prosa) a dos grupos. A un grupo se le dijo que el texto era humano y al otro que era de una IA, aunque el contenido era el mismo en ambos casos.

Los textos entregados eran historias cortas escritas por humanos que habían ganado premios literarios, mezclados con otros generados por IA entrenada con parámetros de alta calidad.

El resultado, homogéneo a lo largo de todas las muestras fue que cuando los participantes creían que un texto (incluso uno premiado y escrito por un humano) provenía de una IA, sus evaluaciones caían sistemáticamente comparadas con quienes evaluaban pensando que el autor era humano. Este fenómeno fue bautizado como AI disclosure penalty (penalización por divulgación de IA).

La conclusión del estudio fue que los lectores no valoran peor los textos artificiales por su calidad técnica, sino porque los perciben como inauténticos. Para el lector, el valor de la obra reside en la identidad y la intención humana detrás de las palabras; si esa conexión se rompe, el texto pierde valor a sus ojos, independientemente de lo bien escrito que esté.

Aquí agrego yo: muchos autores, buenos y de los otros, ocultan que escriben ayudados por IA, ya que saben o intuyen, que el lector tiende a bajar el valor del texto resultante.

A modo de colofón.

Explícitamente o de manera subrepticia la IA se cuela en todos y cada una de los aspectos de nuestra vida, con efectos ventajosos o nocivos que así son juzgados según la óptica conque se los mire. El ámbito literario es un escenario más de esta lucha más o menos encarnizada, más o menos cruenta, más o menos inútil, entre el entusiasta y el escéptico, el informado y el ignorante, el práctico y el regulador. Despues de todo, aunque frenético, esto es sólo un episodio más del devenir humano. Y en él todos, por acción u omision terminaremos tomando parte.

Está lloviendo: si tenés que salir, o agarrás un paraguas o te mojás.

Ariel Di Leo / Río Gallegos. SC..

Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com

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