Narrativa / Héctor José Nervi ( de su libro póstumo Cinco y cinco )

Imagen original de Carlos Besoaín
¡Qué lindo que había sido ser bueno! Diosnuestroseñor, después que uno se muere, manda a los malos a las llamas del infierno donde se achicharran como osamenta de chivo; en cambio, los buenos van a vivir siempre en el cielo. En el cielo hay dulces y juguetes para todos.
El viejo Juan no decía Diosnuestroseñor, él decía Tata Dios. Claro que no muy seguido. ¿Dónde estará el viejo Juan, en el cielo o en el infierno? Pami que está en el cielo porque fue bueno conmigo. Él no era mi papá, pero me daba de comer y me hacía dormir calentito junto al fogón y no me llamaba guacho como los demás. Bueno, el patrón tampoco me llama guacho, el patrón me dice Ramón. El patrón es bueno porque me da la comida y me deja dormir sobre las bolsas en el galpón. ¿Y la patrona? Ella sí que es buena. Mirá que le habló al padre Nazario para que me enseñe el catecismo para tomar la primera comunión. Y encima me va a regalar un guardapolvo nuevo ese día. Dijo que un traje no, porque después no me va a servir para nada, pero el guardapolvo lo puedo usar el año que viene en la escuela.
Diosnuestroseñor, yo quiero ser bueno, ¿sabe?, porque quiero ir al cielo. Pero qué voy a ser bueno yo si no sé nada y no sirvo para nada. Sí, el patrón dice que soy un inútil y no sirvo ni para ver si llueve. Y debe ser verdad, nomás. Y yo no tengo nada, yo soy guacho, ¿sabe? ¿qué le voy a dar yo, Diosnuestroseñor? Pucha, si no fuera tan pobre… ¿y sabe, Diosnuestroseñor, tampoco tengo a nadie a quien pedirle…
Ramón está sentadito. El padre Nazario les ha dicho que para ganar el cielo hay que hacer caridad, amar al prójimo como a uno mismo (¿quién es el prójimo?), que Don Bosco quería mucho a los niños, que Ceferino Namuncurá fue un santo. A Ramón le gusta Ceferino, es el santo que más quiere. Tal vez porque le encuentra algún parecido a su cara aceitunada; tal vez porque si Ceferino fue un indio no debió tener mucho. Si era un indio como los que él conocía, entonces Ceferino no tuvo nada. La idea lo consoló un poco. Un poco, no del todo.
Lo único que le pertenecía, de su propiedad exclusiva, era la taba que el viejo Juan le había regalado. Todavía recordaba cuando se llevaron al viejo Juan en la caja del camión, cara al cielo y con la barba blanca verdosa por las chorreaduras del mate. Entonces, volvió al rancho de totora y se llevó lo único suyo, la taba. Pero, ¿quién iba a querer una taba?
Tenía necesidad de hacer algo para ser bueno, para ir al cielo, pero ¿qué? Podría cosechar los mejores duraznos y regalárselos a algún muchacho como él, pero los duraznos no eran de su propiedad, eran del patrón, por lo tanto juntar esos duraznos sería un robo y robar era un pecado. Además, don Ricardo le había repetido mil veces que si quería comer alguna fruta levantara las caídas en el suelo. Si lo veía arrancar algún durazno se enojaría mucho, muchísimo.
La cabecita de Ramón trabaja como nunca, siempre alrededor de la misma idea, como los potros atados a un palenque. Para dar tiene que tener algo y para tener algo debe apropiarse de lo ajeno, ya que no existe nada en el mundo que sea de su propiedad, salvo la taba. Pero alguna cosa debe hacer para ser bueno.
De repente, toda la vida de Ramón se vuelca en sus ojos. Se pone tenso. Diosnuestroseñor ¿podrá ser cierto? Sí, él tiene los setenta pesos que le dio la patrona para volver en el ómnibus después de las clases de catecismo. Si regresa a pie hasta la chacra podrá disponer de esos setenta pesos. Setenta pesos son muchos, ¿no?
¿Y a quién se los va a dar? Eso ya es más fácil. Son tantos los que necesitan, los que como él no tienen nada. Recuerda al viejo que vive en la calle ciega más allá de la chacra, camino al río. Está siempre sentado debajo de un tamarisco, solo, siempre solo. Pobre, le hace acordar al viejo Juan.
Ramón sale de la iglesia caminando ligerito. Dos leguas y media para llegar hasta la chacra llevan mucho tiempo. No importa. Así, además de dar algo al prójimo (¿al prójimo?) va a hacer un sacrificio y le ofrecerá todo a Diosnuestroseñor. El también va a ser bueno.
Ramón camina y camina. A trechos corre. El sol ya se ha puesto. A esas horas el ómnibus debe haber pasado frente a la tranquera de la chacra. La patrona se estará preguntando qué le habrá pasado que no llega. Tiene sed. Se tira de panza al suelo y bebe del agua de una acequia.
Se ha hecho muy tarde. Sale una luna grande que las ramas de los álamos van cortando en rebanadas. Al pasar frente a la tranquera de la chacra de don Gregorio un perro viene a ladrarlo. Ramón siente miedo. Está cansado, pero interiormente es feliz porque sabe que cuanto más sacrificio le cueste su buena acción más mérito tendrá. El padre Nazario dijo que Ceferino también era muy sacrificado.
Por el camino van él y la luna. Él, la luna, el ladrido de los perros y el canto de los sapos.
Por fin llega al rancho. A través del hueco que dejan las paredes de chilca divisa al viejo dormitando junto al fogón. Las brasas se están cubriendo de cenizas como si se taparan con un poncho para pasar la noche. Una lata de aceite, morena de tizne, hace las veces de pava y de olla. Hacia un rincón un colchón de chalas. Ramón no sabe si el viejo se ha dado cuenta de su presencia. No encuentra la manera de resolver la situación. Por fin, se arma de coraje y entra. Permanece unos instantes frente al hombre cuyas manos apoyadas sobre las rodillas sostienen el mate. -Don Eulogio- dice tímidamente. El viejo contesta con un gruñido y sigue dormitando. Ramón no sabe si realmente lo ha oído. Mira en derredor, deja las monedas sobre el cajón en que está sentado el viejo y sale corriendo. Cuando se despierte las va a encontrar.
Ramón se dirige hacia las casas. Ahora está cerquita. Además, su corazón va bailando una loca danza de alegría. Ahora él también es bueno. Ha hecho una buena obra y el sacrificio de caminar dos legüitas y media. Como dice el padre Nazario cumplió con ayudar al prójimo. ¿Don Eulogio también será un prójimo? Seguramente, Diosnuestroseñor lo va a tener en cuenta.
⁃ Y usted. ¿de dónde viene a estas horas?
Ramón se sorprende, esto no lo había pensado. Si die la verdad su buena obra no tendrá ningún valor porque será un vanidoso. El padre Nazario le ha dicho muchas veces que hay que ser humilde y que de las buenas obras debe enterarse Diosnuestroseñor solamente.
⁃ Perdí el ómnibus.
⁃ Ajá, ¿y dónde está la plata?
Ramón está confundido. Si cuenta lo que hizo su acción perderá méritos y, además, no le van a creer. Si miente comete un pecado. Cómo cuesta ser bueno. Por fin piensa que una mentira no perjudica a nadie y que en este caso está justificada. Permanece indeciso. No encuentra la contestación adecuada y don Ricardo está allí, delante de él, apremiante.
⁃ Y, ¿qué hizo con la plata?
⁃ No sé-.
⁃ Cómo que no sabe. Seguramente se la gastó en caramelos.
⁃ No señor, no sé.
⁃ Váyase a dormir, guacho mentiroso. Y esta noche se queda sin comida, así va a aprender.
⁃ Pero Ricardo, a lo mejor la perdió, pobrecito.
⁃ Qué va a perder, la gastó en cualquier cosa. Y vos no le des tantas alas este mocoso. Con esta gente no se puede ser bueno.

Héctor José Nervi / General Roca. RN.
Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com