Selección de Jorge Curinao

No hay mapa
capaz
de sostener la brújula
que marca el Paraíso.
Hay límite difuso
en el contenido movedizo de mis principios.
I-
Yin yang
Transpiro tus poros
empapada
en las aguas sagradas
de la amistad.
No desconozco los revelados
disimulando
la ligazón de tu argamasa.
Sos espejo.
en batalla
veo
el rostro enemistado/ del otro
que me ve rostro/ enemistado
pares cristales
de odio y muerte
Cuánta piedra
hemos juntado en el paisaje:
una blanca y piedra
una roja y agua
y alguna otra
arena.
Pares opuestos.
Tantas veces como puedo
tocar el tamboril
hasta que los nudillos resistan.
Víscera
vibrando la danza
de los fantasmas
que componen.
II-
en las bocacalles
me choca un viento
un trozo de espectro
esquirlado
hilacha de témpano
trasvasa
habita
dispara
no lo miro
para no saber qué
en cada bocacalle
atravieso el espacio común
donde vagan los supervivientes
–
El mismo sueño
y no corre el miedo
dormir en mar
redundante.
Manejo el timón.
El barco tiembla,
teme mi omnipotencia.
Encanto
a mi niña ciega
en el crepúsculo.
Cuando sube la fiebre
siempre
y los vómitos.
Le hago creer
que el Cuco no está,
que yo
puedo
de súbito
matar al monstruo.
Mi niña ciega
me cree
poderosa
y me incita
a dormir a su lado
para protegerme.
III-
Siempre muero
en los supuestos
(y es por causas justas).
Ya no queda vida
para las causas.
Hoy
no decido si inmolarme
o
Ellos no querrán tener
otro mártir
¿nosotros?
Siempre muero en los supuestos
quién no
–
quién no se ha equivocado de muerto /alguna vez
y ha llorado a la vera de un cajón ajeno
quién no ha flotado
haciendo mano en otro barco
sin darse cuenta de la madera extraña
quién
no se ha asomado
y ha visto allí/ en un guiño
una cara desconocida
y que el muerto no estuviera muerto
quién no se ha equivocado
de muerto/ vivo
o de vivo
claro, quién no se ha equivocado de vivo
y lo ha matado para siempre
para dejar de llorar
IV-
No encontramos
el origen/ de las cosas.
La ignorancia
olvidar
desmemoriarnos
ser mecanismos perfectos
de reincidencia.
En el origen,
dicen,
hay explosión.
–
Acerco mi ojo
al ojo
del monstruo esquivo
y lo miro
en el agua de su lágrima
fijo
nos encolumnamos
y su ojo negro
posa en mi ojo negro
y su otro ojo
en mi ojo
negro
es una torre de vicios llorando
el monstruo no se aparta
y no me asusta
no se aleja y me acorrala
no se va
pero tampoco se queda conmigo
porque no acompaña
lo temo
a su brillo
a su mudez
y lo frío de su espanto
a su lágrima
–
Las chispitas
hacen comas en el cielo negro.
chistan.
El humo no se ve
es la noche.
Queman cuerpos.
Hede.
Veo
las luces estrafalarias
de los hombres oscuros dentro del palacio.
Las luces con los hombres del palacio
iluminan
lejos.
V-
Venimos mudando de casa
de ropa
de hombre
de mujer.
Venimos anidando
en los sueños de la felicidad.
Hay bahías de sexos
barcos en puerto.
Venimos perdiendo los soles
ganando los amaneceres.
Huimos.
Nos cobijamos en las propias aguas
que sudan y lloran.
Resistimos las lluvias cósmicas
con taparrabos.
–
vendrá invierno
tiempo urdido de vellón
y el eco del sol
será frío
traerán puentes levadizos
rescates de mares negros
en el invierno
los fuegos salvarán del desangre
los estandartes serán bordados
aunque las mieses se consuman
aunque los frutos no maduren
aunque el atardecer corte la tarde
en el invierno
quizá
VI-
sospecho
la banalidad de la palabra
lo repetitivo
la eclosión
ritmo
otra música
otra resaca
otra muerte
el acostumbramiento desvela
la palabra misma/ el nombre propio dicho
temo que el Nombre no horade
y silencie
temo que cadencie vacío
temo que de tanto nombrar
sea cansancio/ aversión
el estruendo del insignificado,
que se vacíen los conceptos
se detenga el cardíaco
y la palabra lleve al contrasentido.
Ni yo
ahora otros/ todos.
Ni todos
que son otros/ también.
El Colectivo susurra.
Han tirado agua caliente
en la puerta de este país
y emergemos
con el vientre al hombro
para seguir recordando
los obituarios
las tizas
las sondas intravenosas.
Ya estamos
ahogándonos en pena
y asomamos.
El encierro abierto
la caverna boca arriba:
agujero del hormiguero.
Miré de nuevo la puerta
y el cosmos
estaba en el picaporte.
EPILOGO
Detrás del cielo
viven los destellos de los signos del zodíaco
acá
siguen los hombres
sellados de destino
sin poder.
Se terminó la sorpresa del desconozco.
Los vientos suenan repetidos.
Todo es ritmo monótono.
Metrónomo.
No hay canción no hay pájaro
queda solo el aire que conduce.
Luego viene el vacío
y el silencio.
Cómo si la vida estuviera
por delante del todo.
Clorofila.
Como si el agua la regara.
Como si el polvo
no fuera a poner el límite final.

Silvia Sánchez
Nació (1964) y reside en General Roca, Fiske Menuco.
Escribe desde pequeña, madre de dos hijos. Profesora de Enseñanza Primaria (ISFPD 1), Licenciada en Comunicación Social (UNCo), posgrado Gestión Cultural (Flacso). Publicó los poemarios “Molino de Tierra” y “De todas las aguas” donde escribe con Elena Paso. En narrativa, los libros “No sé, amos”, “Reflejos del Hambre y otras luces”, “Circuito Tierra”, minificción “Hoy Supe” y la nouvelle “Dejaron de venir las visitas”. Los libros objeto “Placas HiStorias I y II” y el libro álbum “Libertad, esa rara” basado en la obra visual de Héctor Boetto, traducido al inglés a través del proyecto de traducción inversa de la Facultad de Lenguas Comahue. Antologada en Argentina, Perú, México, Colombia y España. Coordinó el Centro de Escritores de General Roca editando la revista “Desde el Andén”. Se interesa por la interdisciplina por lo que además ha coordinado las muestras colectivas “Texto fotógrafos” y “Foto textógrafos”, “Desplegar lo rural” y la muestra individual “Placas hi Storias” (minificción). Docente primaria, universitaria. Coordina talleres literarios.
Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com