Selección de Jorge Curinao

Llega, viene,
la Musiquita.
La mu
si
qui
ta
Macky Corbalán
Las bandurrias llegaron
inesperadas los primeros días de otoño,
se escuchan en montonera
en la mañana temprana, mitigan
la tristeza de ver al sol menguar,
volverse un animal dócil
después de su celo salvaje
de su furor felino
que nos mantuvo irisados el verano entero.
Ahora la bestia dorada se echa a dormir,
y las bandurrias le caminan tranquilas por el lomo.
Traen su trinar … ¿como un toque de silencio?
¿como el augurio de la nueva estación? ¿del sosiego?
Que venga así también la musiquita,
que aquietada oiga en mí ese gorjeo
que llora o canta
cuando solo queda irse,
o amar lo que se va;
el párpado que se cierra,
la temporada solar en su desmayo.
Que pueda cantar
como una bandurria,
las patas en los primeros charcos oscuros,
las notas
como una llamarada pequeña,
la luz amasada
y oculta en el centro del cuerpo
lanzar al aire:
hilo de Ariadna,
puente colgante,
único y trémulo
derrotero fiel
en el pasaje.
Vamos con el niño pequeño
de la mano por el descampado
hacia los ciruelos que se alzan
pródigos;
la fruta morada estallando
con tal exuberancia
que casi da pudor
el desparpajo,
las ramas henchidas bajo el peso
de la hermosura.
Caminamos hasta esos árboles
que nadie pastorea
y furtivos, canasta en mano,
tomamos la pulpa
tierna y fragante;
hacemos nuestra la gloria,
el alivio de las ramas que suspiran
cuando una a una descuelgo
la delicia púrpura
y nos llevamos a la boca ese color
dulce y levemente agrio al fondo,
como la dicha al nombrarla
en la premura de hundir los dientes
y sostener en la lengua
el apogeo breve
de su completud.
El instante cuaja
como una ciruela,
y es un milagro
su extrema lucidez.
El festejo tiñe la boca
y el niño abre la cesta,
hasta el borde juntamos la ofrenda
un mediodía caluroso de marzo;
a campo traviesa regresamos,
y a ver qué haremos
con semejante botín
y el tiempo que corre
para engullir y convidar,
hacer dulce de fruta
y guardarlo en un frasco,
o un poema,
que conserve la promesa
del fulgor al destaparlo.
Y que en el invierno vibre
el desborde conjurado,
abundante en los sentidos
la palabra que pulsa,
en el cuerpo las ciruelas
vuelven a escribir
su rastro.
¿Quién cambia
el río turbulento y el sol
como un garrote
por el agua mansa en los canales
y la luz tenue
de los paisajes de Ruysdael?
Insaciable sed del germen peregrino,
¿quién dará cuenta de esta trashumancia?
¿los bisabuelos cruzando el océano al revés?
¿la magnética alegría
cuando el suelo nuevo pide y entrega
una flamante encarnación del yo?
Me regodeo en la cualidad de arcilla,
maleable,
inacabada;
huelo libertad
en las plásticas
transformaciones.
Despojada, sin moneda ni casa, sin patria, pero con un cuerpo habitado hasta el extremo sur la oleada de alegría, la voz, el idioma de frontera que no da en una tecla sola, se lanza y percute contra el paisaje en fuga aquí y allá, cajita de resonancia, bum-bum bum-bum, no se calla nunca el corazón corre, corre sin divisar camino sólo el pedacito de tierra que ahora catapulta el brinco now, now, now el músculo se expande y tensa; paso en el aire y por un segundo tocar con el pie aquí o allá, here or there, ritmo material el cuerpo que habla toda lengua, tamborcito carnal y errante.
La olla desbordante de almejas
y el placer de abrir cada boca oscura
buscando la lengua carnosa,
la gustosa pulpa macerada en secreto
en el silencio y el bramido íntimo
del fondo del mar.
Plegada sobre sí la lengua que ahora
saboreo untuosa y forastera
como tu lengua que me besa
y dice “Ik hou van jou, schatje”,
y mi propia boca
busca la cavidad para recibir
esa textura sustanciosa,
el fruto del mar del norte
que sostengo azorada
sobre mi propia lengua,
las vocales largas
y las jotas rotundas
como un latigazo de ola.
Convidada a la cena
frente a la olla rebosante,
solo queda relamerse los dedos
en la embriaguez del festín,
cuando todo desborda
y lo desconocido es un manjar,
un idioma extranjero,
un hombre,
al que solo se puede responder
con los sentidos.
Todo lo fijo es de temer.
Macky Corbalán
Cada vez que la brisa
mece los juncos sobre el agua pantanosa
o bate los platos lustrosos de los nenúfares,
inquietos sobre el agua súbitamente rugosa,
yo oigo al viento
ululando entre los álamos,
me rindo al alboroto de las hojas pequeñas
que en las siestas sureñas
rozan contra el viento su tierno cascabel,
susurran
hasta arrastrarte
en el sopor que ahora
trae esta brisa nórdica en su doblez;
la música sonando a dos voces, oís
el fondo ahuecado de las reverberaciones.
Todo lo fijo
es de temer,
los versos de Macky zurean el aire.
Todo lo unívoco
es de temer,
discurre el viento en variaciones, vuelve
un pastiche al tiempo, arremolina
geografías cuando oís
esa canción infinita que se hace
también de tu percepción del viento,
de las alamedas en las siestas niñas,
de los juncos bamboleándose en el estanque ahora,
del movimiento que te ha traído lejos
para decirte:
el tránsito no es de temer,
nada está perdido si se sale
a la intemperie con el oído abierto
y tu propio transcurrir incesante
escucha
y no es solo deseo,
solo esperanza lo que canta,
sino una voz plural y atávica,
una modulación continua
que en formas desconocidas
te contiene.

Mariana Rosa nació en Neuquén en 1974, y escribe poesía desde niña, cuando participó en los talleres literarios de María Cristina Ramos. Hizo el Profesorado en Lengua Inglesa en la Universidad Nacional de Cuyo, y de regreso a su ciudad natal participó en la fundación de la Casa de la Poesía de Neuquén. En el 2001, fue becada por la Fundación Antorchas para asistir a los talleres de análisis y escritura en Patagonia dictados por los poetas Reynaldo Jiménez y Alicia Genovese, y organizados por el poeta Cristian Aliaga. Una nueva errancia la llevó a Buenos Aires, donde siguió puliendo su obra con la guía de Alicia Genovese. Allí también estudió canto, y teatro en la escuela de Augusto Fernandes. En 2012 fue becada por Rotary Internacional para hacer una maestría de investigación en Estudios Literarios Comparados en la Universidad de Utrecht, Países Bajos. Se graduó cum laude con una tesis sobre el desmantelamiento de las oposiciones binarias jerárquicas en la poeta argentina Diana Bellessi y en la filósofa- escritora posestructuralista francesa Hélène Cixous, aunando así poética, feminismo y espiritualidad radical. En la actualidad, Mariana dicta talleres de lectura y de escritura de poesía online, y acompaña procesos personales de cambio a través de conversaciones basadas en la ontología del lenguaje.
Mariana publicó los poemarios Crónica de un Salto (Ediciones de Dock, 2006), Vestal (la cebolla de vidrio ediciones, 2017) Un Abrigo Errante (la cebolla de vidrio ediciones, 2017), Primeros Fríos (Espacio Hudson, 2019) y El Cruce (Espacio Hudson, 2024). Participó en las antologías Desorbitados. Poetas Novísimos del Sur de la Argentina (Fondo Nacional de las Artes, Argentina, 2009) y Voces entre dos orillas (RIL Editores, España, 2024).
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