Selección de Jorge Curinao

El carpintero líquido
Cuando entendió la geometría del paisaje
ya se habían borrado los paralelos y las sombras.
Mudo, no tuvo palabras para definir la soledad.
Perdido, en un mapa de viaje,
Ni un punto de vista, siquiera, ni un mojón.
Precariamente, hizo una casa de madera,
de la que yo salí una noche,
cuando entró el alcohol.
Extraviado, y ya sin tonos,
exaltó colores que dijo tener en la manga,
y los griegos entraron a la miseria del hogar,
en un caballo delgado,
sin equilibrio,
inverosímil.
El Héroe del Líquido, 1999.
El barrio líquido del héroe
Sepultado entre cientos de viviendas,
yace lo que fue de niño.
Oculto por signos de cemento que lo niegan,
es devuelto por la luz.
Se repite en las ventanas rotas,
donde en cada trozo crece, todavía el padre,
volviendo borracho y a las diez.
Bajo las viviendas, tiembla la cabeza del joven,
entre varias capas de alcohol,
mientras la noche es un revolver de vidrio
y la madre gime
en los rincones del diablo.
El Héroe del Líquido, 1999.
El oro de los tontos
Nada es oro en la mirada del héroe.
La fe ha sido abandonada y no hay nada que inventar.
Nada que curar, nada que nadar.
Nada que negar, las ramas ya están,
sobre el árbol del que cuelgan, líquidos,
el padre del padre del padre de su padre.
Nombres mudos e hijos naturales del alcohol.
Ni cruces de madera en las pupilas dan razones valederas.
Ni el arroz arrojado por Dios a los felices,
ni las madres recordando su futuro en el espejo.
Oro de los tontos.
El silencio es negro y blanco, sólido y gaseoso,
y se proyecta líquido en la pupila del héroe
que mira la vieja foto en donde está tan claro el crimen
y tan borroso el asesino.
El Héroe del Líquido, 1999.
Hablar en el estanque
A Juanse
Hablar se está poniendo anticuado.
Yo hago cosas correctas pero mi cabecita va para
otro lado, atenta contra el status quo imperante
en la pieza de 3 x 4.
En mi cuerpo se libran batallas que termina
perdiendo el que madruga.
Por eso, equivocado, el peso de la tradición
no golpea mi puerta.
Cuando estoy de aliado a mi cuerpo miro el techo
contando los días las horas los minutos
en que será mi enemigo, nuevamente.
Miro al techo
porque hablar se está poniendo viejo.
Se rompió el vaso y estoy descalzo,
los vidrios son pequeños espejos donde la culpa se peina
en mi cumpleaños.
Quizás nunca supe apretar el botón correcto.
Hablar ya es algo en desuso.
Ningún sapo del estanque quiere ser Hitler todavía
porque con croar no alcanza.
Hablar se está poniendo viejo.
Oralidad Esquizoide, 2011
El invento de la rueda
Cualquier comentario, intento de frase feliz,
máxima, parábola o poema tendencioso,
eran recursos menores,
ante el invento de la rueda en tu mirada.
Soporté la tarde del domingo,
caminé derecho entre baldosas flojas,
en las que todavía estaba la lluvia.
Armé el mejor camino noctámbulo
y no sentí que la distancia
fuese una palabra desdichada.
No eras un viajero inglés, 2004
PAMPA DEL NAUNAUCO
Fue feliz en la ruta cuarenta,
y no importó tanto que el sol cayera rojo
en la pampa del Naunauco
como el escuchar el andar presuroso
del escarabajo sobre el asfalto caliente.
No eras un viajero inglés, 2004
LA BAÑERA DE NEWTON
Nocturno y ebrio, vanos fueron los intentos de sostenerme ante tus dichos, oportuno,
el baño, pensé, me expiaría con su chorro.
La cortina no fue la mejor liana y compañera,
y hacia el centro de la tierra nos fuimos.
Menos Verne y magmático en las baldosas fui justo,
toqué mi costilla averiada y no pensé en vos,
ni en los géneros, mujeres, matriarcados,
sólo le di espacio al dolor,
partícipe necesario y llamativo del evento.
No eras un viajero inglés, 2004
ARROZ
Un puñado de arroz es la medida de los solos.
Una mosca da vueltas. Nadie le va a preparar una celada.
Alcohol y fármacos para la mudez de la ciudad.
Es la noche y lo alto y más allá donde vivió
y más allá donde vivió también y más allá.
Volverá la felicidad eso seguro
la ciudad será distinta
dos puñados de arroz
eso es felicidad.
Ojos Rojos, 2004
LOS CHOIQUES
Ahora que estoy en la cama baldía,
reconozco el lugar con los ojos cerrados.
Ni fuerza ni magia,
la punta de mis pies hacia el techo,
evocan mi pulso latiendo en la ruta,
cuando los choiques huían hacia el sol
y estaba tan mal acompañado.
No eras un viajero inglés, 2004
CRUZADAS EN LA RUTA CUARENTA
Unos cisnes en el cielo
y la sombra larga del auto
hicieron una cruz
en el agreste escenario
de la ruta cuarenta.
Ese instante gratuito y efímero
tuvo varios metros de distancia
y desapareció salvaje en la curva
sin que nadie diera cuenta
de esta entrega de sombras por la vida.
No eras un viajero inglés, 2004
César
A César Juarez
Quedan pocas cosas de César, alguna foto, la carta enviada de Dresde, destruida
por los aviones ingleses. Dresde, cuando había muro, Dresde armada, preciosa en
los ojos oscuros de César. No cayeron lágrimas la última vez que nos vimos, había
mucho que decir, lo dijimos a medias. Los años nos habían cambiado, dijiste que
eras parte de la estadística, no eras ajeno a las probabilidades matemáticas,
estabas ahí con dolor, sabías que era la última vez, no habría otra. Hablamos,
hablamos, no había tristeza en tus palabras o una mirada que me alertara sobre la
suerte ya echada en tu cuerpo. La enfermedad avanzó rápido, la próxima sería ir al
costado del féretro en bicicleta, acompañando al cementerio, la próxima, tu madre
mirándome como un ser transparente, de soslayo, paralelo al edificio del correo
argentino. Pedaleaba, pedaleaba por la calle Santa Fe. Ahora es una sensación vaga.
En nuestra última charla ya sabías la vida, habías aprendido finalmente que
algunos instantes son más caros que el oro. Ahora hay telarañas, polvo, vidrios
rotos, en el lugar del encuentro, nosotros mismos estamos así, ahora, en ese plano,
discutiendo temas terribles y banales. Ese lugar es lo único que queda con nuestras
palabras, yendo y viniendo, yendo y viniendo.
Convenimos que no hay justa medida. Que los excesos siempre son pocos, que
siempre es mejor ir de frente a la pared que intentar convencerla de su
imposibilidad de detener nuestros embates oscuros.
El Muro, claro, la caída de la unión soviética, la vieja casa de la Fede, la campaña del
café, y la muerte, claro, siempre, la muerte. La madre que pedía por su hijo muerto
en El Salvador, las mentiras del Secretario General, la pierna renga de César, el
dolor en los huesos, el alma, viejas glorias de la internacional proletaria, el largo
camino de cemento hasta el portón, años y años en esa despedida. Quedan pocas
cosas, esa carta que tengo en mis manos, Dresde, la postal con los edificios
soviéticos cayendo en el agujero negro de la calle Lanín, los miles de muros
derribados en esos instantes en que la enfermedad terminal enterraba lo que había
de esperanza, lo que había de sosiego.
La Física en el Barrio San Lorenzo, 2025

Raúl Mansilla. Docente, historiador, escritor. Fue director de Investigación Histórica, Dirección de Patrimonio Inmaterial, Ministerio de las Culturas, Gobierno de la Provincia del Neuquén (2002-2023).
Ha realizado capacitaciones para docentes de todos los niveles del C.P.E. Neuquén desde el año 2000 al 2007; 2018/2019 y año 2025 en historia y literatura en convenio con Extensión Universitaria UNC, Muten y Aten. Escuela de capacitación Marina Vilte de Ctera.
Miembro por la Patagonia del Plan Nacional de Lectura 2008-2010, Contratado por UNESCO.
Ha escrito “Relatos Orales del Neuquén” (Beca FNA 2002), Ediciones del Piche 2016; es investigador de la vida y la obra de Juan Benigar.
Publicó, junto a otros investigadores el libro: “Voz sutil de la Tierra”, sobre la vida y obra de Juan Benigar. Ediciones La Grieta. 2018
Forma parte del Grupo de Investigación Benigariano (Aluminé).
Además, ha publicado: “Las Estaciones de la Sed”, Ultimo Reino, Buenos Aires (1991), “El Héroe del Líquido”, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, “No eras un viajero inglés” (2004), “Ojos Rojos” (2005); “Ulises Loop” (2022), Ediciones Doble Z; “La Física en el Barrio San Lorenzo”, Ediciones Doble Z (2025), además de publicaciones en Colombia, Alemania, Cuba y España.
Ha traducido, prologado y realizado notas en el libro “Un viaje por la Patagonia” (1889-1891) del noruego Nils Schjander, pronto a publicarse por primera vez en Hispanoamérica.
Comentarios y sugerencias son bienvenidos en el mail hola@últimoviernes.com