Marco Antonio Paneque Gamboa, Ayer o el nocturno de un pájaro
Reseña / Gabriela Luque

“quien con la huella de dios/ vendrá a soplar tanta arcilla”
“ Pero todavía hay hombres que son su propio Dios”
Lo primero que nos llama la atención al posar la mirada sobre este nuevo libro es el título, acompañado de una sugerente ilustración en su tapa. El diseño es aparentemente simple, el pájaro se duplica sobre el fondo amarillo, como palabra y como imagen visual, también creación del autor. En esa misma retórica de la sencillez radica una de las claves de este tercer poemario de Marco Antonio Paneque Gamboa, nacido en Cuba en 1971 y radicado en Argentina desde 2012. Como ocurriera en 2021, es Remitente Patagonia, la editorial de Trelew, la elegida para la publicación. Entonces fue Insurgente del alba, obra que ha recorrido muchos caminos, desde ferias del libro en el territorio patagónico a presentaciones en distintos medios de comunicación , y hasta en revistas, como nuestra antecesora La Rama, en cuyo número 6, de ese mismo año, se publicara una reseña a cargo de la profesora Patricia Vega.
La presencia del ave nos habla de un símbolo arraigado en la literatura desde el mundo clásico, una de las vertientes de las que se nutre esta poética. El vuelo, la posibilidad de elevar las alas y emprender viaje, el ejercicio de la propia libertad. Así, ya desde el inicio se le abre al lector la posibilidad de adentrarse en una obra que reconoce huellas de tradiciones y linajes. La presencia de Dulce María Loynaz, unos de los nombres recurrentes de ese linaje cubano aparece aquí en el epígrafe que oficia de pórtico al libro y en el que dos adjetivos se imponen, “sutil” y “hondo”, ambos utilizados en modo superlativo:
“Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado…El camino en donde, sin dejar huella, se deja la vida entera”.
Este fragmento pertenece a un conocido poema de la autora , el XVII, frecuentemente citado, donde encontramos varios rasgos que también se observan en la poética de Paneque Gamboa: la sencillez, la apelación al símbolo, el mundo onírico, el valor de la memoria. Dulce María nunca se movió de su Cuba natal, Paneque Gamboa sí lo ha hecho, pero en esa suave cadencia que identifica a este linaje elegido, son las palabras las que trazan el derrotero del viaje infinito, tópico insular por otra parte. Pero recordemos que ese partir es también un quedarse, de allí que los breves poemas que componen este libro, organizados en aparente desorden, remeden ese juego sutil y hondo de la escritura. En la lectura hallamos la partida como un momento del detenerse, la reflexión impregnada de melancolía y también la exaltación de la vida a través del deseo.
La imagen del poeta como un dios, y hasta como Dios con mayúsculas, nos habla de la certeza de ese instrumento que Paneque Gamboa maneja como un orfebre, enhebrando imágenes de lograda factura, en las que la figura de artista se multiplica, como en un juego de espejos, pero sin quedarse con ninguna definición, porque la identidad es una construcción que se atesora, como un rinconcito de esa isla, también mecida por las aguas del mar, con esos fragmentos de rostros y paisajes familiares, un pasado que se recuerda con cierta nostalgia y que se acuña en la memoria, con el convencimiento de quien sabe que ha elegido.
“Vengo en mis estrofas aullando como un perro/ vengo Homero…”
Resta a los lectores celebrar la aparición de este libro, producto de unos cinco años de trabajo cuidadoso, que nos lleva y nos trae de la noche al alba y del alba a la noche, ya que da cuenta, junto con el anterior poemario, de una interesante voz lírica en la Patagonia austral.

Gabriela Luque / Río Gallegos. SC.
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