Comercialización y Ley del libro

Ecosistema Literario / Ariel Di Leo

El editor Guillermo Schavelzon* consigna en un articulo de su blog que “el sistema (la venta de libros por consignacion) comenzó en Estados Unidos en 1929, a causa de La Gran Depresión: la industria editorial, que entonces vendía el 100% de lo que publicaba en librerías, comprendió que, si éstas cerraban, las editoriales se hundían”. A partir de allí, las librerias recibieron y reciben los libros (no los compran) con derecho a devolver los que no se vendan, una particularidad que no existe, prácticamente, en ningún otro tipo de actividad comercial. El modelo se extendió por todo Occidente y hoy, según comenta en la misma nota, “han transcurrido casi cien años, y ahora las librerías solo venden la mitad de los libros que se publican. El resto se vende por otros canales comerciales, y cada vez más online. En cien años las librerías no se han podido fortalecer, por lo que, si hoy perdieran el derecho de devolución, muchas tendrían que cerrar.” 

Después de ofrecer una apretada y documentada síntesis del proceso de transformación de la comercialización del libro, Schavelzon cierra su conclusión con el panorama actual del sector, en el que actuan tres jugadores: a. Las cadenas, uniformadas por las editoriales, basadas en la alta rotación y grandes tiradas; b. Amazon y otros vendedores on-line, cuya participación proporcional va en aumento. c. Las librerías independientes, basadas en la cercanía y la diversidad, más frágiles, pero imprescindibles para el buen lector.

La trama de la película se ha ido complicando. Las grandes cadenas aceleran de acuerdo a su lógica supermecadista: se imprimen más libros de los que se van a vender, para “inundar la góndola” y las mesas de novedades saturadas y con alta rotación de títulos condenan al libro que no logra superar – en una semana- un mínimo de ventas, a pasar al ostracismo de un estante. Cuando la ley lo permite (el plazo es de un año) se lo pasa a saldos o se  lo tritura para hacer pasta de celulosa. Los costos de ese libro que no se vende se prorratean en los del libro que sí se vende, por supuesto, y lo pagan los lectores. Amazón y -en mucha menor medida- otros libreros digitales amplían lenta, pero inexorablemente, su participación de mercado, comprimiendo el espacio a los otros dos actores ya citados. Las librerías independientes deben aggiornarse, esto estener su espacio en internet, acercar otras actividades culturales, mejorar su marketing de cercanía. Traduccion: invertir más tiempo y dinero en acciones que atraen posibles clientes, pero que no siempre implican más ventas.

Los actores del mercado del libro sospechan que están dentro un sistema insostenible en sus téminos actuales, y debaten, a veces a regañadientes, a veces a los gritos, distintas soluciones, atajos y propuestas, cruzadas por sus propios intereses, por supuesto. La película, que empezó como una de suspenso se transforma en una de terror. Hasta aquí, lo descripto se aplica, con alguna corrección de matices, a buena parte del hemisferio occidental, pero esta trama en particular transcurre en Argentina y se vuelve truculenta. El sistema de venta por consignación implica, en términos prácticos lo siguiente: La editorial “E” lleva a la distribuidora “D” cien ejemplares de libro “L”. “D” los reparte en x librerías que los exhiben en sus vidrieras y en sus mesa de novedades. Al cabo de un mes, “D” recorre librería por librería y recibe en cada una un cheque a 90 días por el valor de los libros vendidos menos el 40% sobre el precio de venta al público (PVP). Después de la recorrida, suma los ejemplares vendidos, guarda los cheques recibidos y hace un cheque a nombre de “E” por el valor de lo vendido menos el 45%/50% del PVP a 90/120 días, según el previo acuerdo que tenía con la editorial. Por lo tanto, “E”,que entregó 100 libros, por los cuales ya pagó su parte al autor, al corrector, al ilustrador, al diseñador, a la imprenta, etcétera,  recibe un pago a 90 o 120 días vista por el 50% de lo efectivamente vendido. El resto se irá liquidando mes a mes bajo idénticas condiciones y porcentajes mientras dure la presencia del libro en cada librería, hasta que el librero decida devolverlo para hacer lugar a libros nuevos o decida retirarlos para guardarlos en depósito, saldarlos o destruirlos. Lamento comunicarles que, al ocurrir esta secuencia comercial, el tiempo que transcurre entre el pago de los costos de produccion del libro y el cobro efectivo de lo producido por su venta sufre la depredación feroz de la inflación (que, aunque pueda parecer relativamente baja, es sustancialmente alta según los cánones internacionales).

Pero la locación argentina no sólo hace terrorífica la pelicula por la presencia de la inflación. Está a punto de agregarse un condimento aún peor, que ya tuvo efectos negativos en mercados más económicamente estables que el nuestro. La renovada intención del Ejecutivo Nacional de derogar la Ley 25.542, la de “Precio uniforme de venta al público del libro”, conocida como Ley del Libro** es lo que se agrega. Nacida en las vísperas del “corralito”, sancionada el 27 de noviembre de 2001, la ley establece,en su núcleo, que los editores, importadores o representantes de libros deberán fijar un precio uniforme de venta al público (PVP) o consumidor final de los libros que edite o importe. Ese precio es único para todo el país y para todos los canales de comercialización. El objetivo principal era evitar la estrategia que habían empezado a practicar grandes firmas de supermercados y estaciones de servicio, ofreciendo títulos de alta demanda con unos descuentos imposibles de replicar por las librerias, atacando así el corazón de los ingresos del sector. Acá cabe una aclaracion: la comercialización del libro es, en sí mismo, un ecosistema, todos sus actores están relacionados. Los libros de alto consumo, los bestsellers, los géneros populares, sostienen, con sus ganancias superiores a la media, la publicacion de autores noveles, de libros especializados, de géneros de poca demanda, y temas que “se venden poco”, pero que retroalimentan y agrandan el espectro cultural. Conocido es el ejemplo de Sudamericana, contado por Gloria Rodrigué, ex directora y nieta del fundador, mediante el cual explicaba que, gracias a los millones de ejemplares vendidos del Cómo ganar amigos e influir sobre las personas de Dale Carnegie y La importancia de vivir, de Lin Yutang, la editorial pudo arriesgarse a publicar a escritores como Juan Carlos Onetti, William Faulkner, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez,*** a quienes todavía, no los conocía casi nadie.

Si se dejan los libros de gran demanda al alcace de ofertas imposibles de igualar, por parte de sectores para quienes el libro no forma parte de su negocio, y que sólo funciona como un gancho interesante para atraer, hacia su espacio, clientes de un perfil potencialmente lucrativo, se está eliminando el corazón del ecosistema. Y todos y cada uno de los integrantes del mismo van a verse perjudicados en mayor o menor medida. La parte más lábil de ese ecosistema son las librerías independientes, por eso detrás de su caída, vendría el retroceso de las pequeñas editoriales y la consecuencia final serían los puestos de trabajo perdidos y la marcada disminución de la bibliodiversidad, un bien intangible pero distintivo y muy caro al orgullo de los argentinos.

No resulta raro por ello, que todos los actores del ecosistema se hayan pronunciado en contra de este intento, y se estén organizando para comprometer a todos los legisladores posibles. 

La moneda está en el aire, preguntale a tu legislador amigo, ¿qué vas a votar, sigue o derogamos?

*/ Guillermo Schavelzon. Director de grandes grupos, editor independiente, agente literario y consultor con más de 50 años de experiencia en el sector editorial en Buenos Aires, México, Madrid y Barcelona. ( https://schavelzon.com/ )

**/ https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-25542-71549/texto 

***/ https://schavelzon.com/2026/05/17/argentina-la-encrucijada-de-la-edicion/ 

Ariel Di Leo / Río Gallegos. SC..

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